martes, 28 de septiembre de 2021

LA CUESTIÓN DEL PERFUME:

Todos los seres humanos tenemos necesidades. El psicólogo estadounidense Abraham Maslow en 1943 ya definía la necesidad como una sensación de carencia, y señalaba que los hombres teníamos dos tipos de necesidades: las necesidades primarias, aquellas básicas para la supervivencia de la especie humana, por ejemplo, comer o dormir; y las necesidades secundarias, aquellas que mejoran la calidad de vida del ser humano, por ejemplo, perfumarse o maquillarse. He aquí la paradoja de las necesidades, puesto que la labor de las empresas es hacernos ver que su producto es vital en nuestra vida, aunque realmente no lo sea. Es cierto que numerosos profesionales del marketing sostienen que esta disciplina no crea necesidades, sino que estudia el modo de satisfacerlas a través de la materialización de unos deseos concretos. Por tanto, las empresas de belleza pretenden reforzar la autoconfianza (el eslogan de L’Oreal Paris es “porque yo lo valgo”), sentir un cierto estatus social (dependiendo también de la marca) y, sobre todo, estar integrado en una determinada sociedad.

Básicamente, los perfumes se componen de tres elementos: una mezcla de aceites esenciales, responsable de las distintas fragancias: floral, cítrico, fresco, etc.; un disolvente, principalmente alcohol; y un fijador para que el perfume perdure en el tiempo. Todo ello es elaborado de forma sintética en fábricas, por lo que conocer el funcionamiento del sentido del olfato en esta industria es crucial. Sin embargo, no todo queda aquí, puesto que las empresas deben saber explicar por qué su perfume es el mejor de entre el resto de empresas competidoras. Aparte de anunciar el producto en los medios de comunicación tradicionales (televisión, radio o prensa), también suelen acudir a las redes sociales e Internet. Este último preferiblemente a través de la publicidad programática, es decir, mediante anuncios personalizados en función de los gustos de los usuarios que son registrados por las “cookies”. Para ello, normalmente, suelen recurrir a ídolos de masas o “influencers”. Con ello, no solo llegan a un mayor volumen de audiencia, sino que también aportan unos valores al producto. En el caso de “Voce Viva Intensa”, la nueva fragancia de Valentino, se decidió que la persona idónea para promocionar dicho perfume sea Lady Gaga. Por tanto, ya no es solo una “esencia de jazmín, con un toque adictivo de musgo de cristal e intensificado por vainilla Bourbon”, como se indica en su página web, sino que, además, a los ojos del consumidor se le han añadido al producto los atributos que representa Lady Gaga: “una mujer decidida, optimista, deseosa de vivir plenamente y tener un carácter inspirador e independiente”. Así pues, la presencia de Lady Gaga no solo repercute en el posicionamiento del producto. En otras palabras, no solo afecta a la idea que tiene un consumidor sobre el producto, sino que también ejerce una influencia en la imagen de marca, es decir, cómo ve el usuario a esa marca. 

En definitiva, esto puede derivar en una mayor fidelidad por parte de los consumidores, que se mostrarán más proactivos a mejorar el producto o la imagen de marca con las posteriores encuestas realizadas por el departamento de marketing de la empresa; o en un absoluto rechazo por los valores que la marca desea transmitir, pero que no conectan con la audiencia. 


domingo, 19 de septiembre de 2021

INTRODUCCIÓN

Buenas a todos los lectores de mi nuevo blog.

Con motivo del nuevo inicio del curso universitario y a petición de varios profesores de la facultad que nos han instado a abrirnos un blog, a partir de ahora voy a compartir con todos vosotros mis experiencias, impresiones y vivencias en esta nueva etapa. Hace 2 años, decidí estudiar Periodismo en la Universidad Complutense de Madrid (UCM). Una de mis grandes referentes periodísticas, Pepa Bueno, estudió en la facultad donde yo ahora tengo el honor de estudiar. 

El periodismo siempre ha sido una parte fundamental en mi vida. Recuerdo cuando de pequeño presentaba los informativos de Telemadrid emulando a Alipio Gutiérrez y cómo a mi familia les divertía ese niño de no más de 3 años que le encantaba imitar todo aquello que salía en televisión. A la vez que entraba en la adolescencia, el mundo de la comunicación me llamaba cada vez más la atención. Nunca olvidar el 2009, ese año en el que se juntaron dos de mis pasiones, los países europeos y la música, para descubrir el Festival de Eurovisión. Un festival que se convirtió en mi mayor aliado en las etapas más tristes de mi adolescencia. 

En 2015, de nuevo, el Festival de Eurovisión me hizo conocer cómo era RTVE, ese ente público en el que deseo trabajar. Conocí a grandes profesionales de Eurovisión en España como Irene Mahía, César Vallejo o Paloma G. Quirós. Especialmente de Irene Mahía aprendí que cuando se ejerce la labor del periodismo, nunca debes hacer algo que no quieras; y que al final todo trabajo viene acompañado de una recompensa. Dos años más tarde, en la cadena Cope, pude observar cómo un verdadero periodista se desenvolvía en la profesión. En este nuevo trayecto, tuve el honor de conocer a Ángel Expósito, Mateo y Andrea, Antonio Hueso, Álvaro Sicilia o Jordi Cruz. Casualmente, uno de esos días en la Cope, nos llevaron a grabar una cuña de radio entre todos los compañeros que habíamos sido elegidos para ir a la radio en "4º + Empresa" y en la que mi voz tomó el protagonismo. Aún recuerdo cuando mi madre me llamó llorando a las 7:45, minutos antes de levantarme para ir al instituto, diciéndome que me había escuchado en la radio. A posteriori, me enteré que no solo mi madre, sino miembros de mi familia e incluso vecinos de mi pueblo llegaron a mensajearse por los grupos de WhatsApp si era yo el que estaba detrás de aquella voz. 

En definitiva, el periodismo es mi vida. Aún no sé muy bien en qué rama quiero especializarme, posiblemente en cultura (a poder ser música, por motivos más que obvios) o en política. Ojalá ser de esos afortunados que se ganan la vida viajando alrededor del mundo, aunque es bastante improbable que eso suceda. Las continuas crisis económicas están cambiando el oficio del periodista. Muy pocos medios de comunicación destinan un presupuesto razonable para la contratación de periodistas en condiciones laborales favorables y, sobre todo, dotarle de todo aquello que necesite para ejercer la profesión.